Christina Rosenvinge
Tu labio superior WEA. 2008 Por Arturo Gutiérrez Aldama Quienes rebasen la treintena de edad posiblemente la recuerden a finales de los ochenta, de pÃcara princesita rubia y cantando una de las cumbres naïf del primer hervor del "rock en tu idioma": "¡Chaz!, y aparezco a tu lado", que fue realmente el único éxito del dueto español Alex y Christina por estos rumbos. Después, Christina Rosenvinge, con la ayuda de Pancho Varona y Antonio GarcÃa de Diego, músicos de JoaquÃn Sabina, pondrÃa en marcha Christina y los Subterráneos grabando discos de rock guitarrero con aires rancheros en lÃnea Neil Young. Su amistad con los miembros de Sonic Youth, Lee Renaldo y Steve Shelley, la llevó a grabar en inglés para su sello Smells Like Records, y a mudarse a Nueva York y reducir los elementos de su propuesta a punto de lo-fi. De vuelta en España hace un par de años, Tu labio superior es su primer disco de material inédito completamente cantado en castellano en más de una década. La espera valió la pena. Aparte de que, como algún crÃtico ha expresado con tino, es la lengua en la que mejor transmite emociones, da gusto reencontrarse a una escritora de canciones que ha enmendado los vicios de su oficio sutilizando las virtudes en letras que apenas necesitan decir algo para sentirse provocativas, envoltorios de ternura rellenos de ironÃa como el primer sencillo (con video en tres versiones, remÃtanse a YouTube) "La distancia adecuada": Nunca para ti es quizás/yo no me equivocaba/la desazón se va a llevar/en esta temporada/tal vez no debà dejar/que jugaras con mi falda/qué difÃcil es guardar/la distancia adecuada. Los acordes casi son los mismos que en "A Liar to Love", de su disco anterior Continental 62 (2006), demostrando que basta cambiar algunas notas de lugar para transformar el aire melódico; ahà sigue el acercamiento minimalista, la exploración en estructuras repetitivas, la voz como susurrada (sello de la casa); esta vez la restitución de la guitarra como instrumento protagónico sobre el piano que dominaba Continental 62 trae coloraciones que podrÃan agradar a mayor número de público, con paralelismos en el trabajo de Leonard Cohen o Isobelle Campbell, pero crecidos sobre todo al sol de reconocida influencia de la chanson de los años sesenta-setenta según la predicaron Françoise Hardy y Serge Geinsbourg, rindiendo un pop refinadamente austero, de agradecerse en épocas donde la hiperproducción de los discos de Julieta Venegas se tiene por la perfección del género. TodavÃa más de lo que le llevó convencerse de grabar un álbum inédito en español de nuevo tardó Christina en volver a firmar un tema tan pegadizo a primera oÃda como "Tu boca" o tan rockero como "Tres Minutos", cuyo arrebato eléctrico acaso sea todavÃa resaca de su anterior aventura discográfica, Verano fatal, el EP de siete canciones que grabó con Nacho Vegas, quien presta su voz a varias de estas canciones también. En el blues narcotizado de "Por la noche", Christina alcanza el equilibrio entre naturalidad y sofisticación que siempre ha buscado. Uno de los discos del año, esperemos que los de Warner no se duerman para editarlo pronto por estos rumbos... De lo contrario, bueno, ahà está internet. 1.- La distancia adecuada 2.- Anoche (El puñal y la memoria) 3.- Eclipse 4.- Tu boca 5.- Las horas 6.- Nadie como tú 7.- Negro cinturón 8.- Tres minutos 9.- Animales vertebrados 10.- Por la noche 11.- Alta tensión
Loudon WainIII
Recovery Yep Roc Records, 2008 Escuchando la versión de "Black Uncle Remus" de 1970, incluida en el primer LP de Loudon WainIII, y a continuación la que arranca este Recovery, las diferencias saltan a la vista. Aparte de las manchas cobrizas acumuladas en el tañido vocal, los años han lavado cierta inseguridad transmitida por un vibrato que se debatÃa entre la ingenuidad y el cinismo; como en los viejos campanarios la resonancia de la historia finalmente ha triunfado sobre la pulcritud y ahora el verso culminante "what you gonna do when you´re black and blue?", libre del sonsonetito sarcástico que lo deformaba en mueca de soberbia, adquiere el peso de una premonición sin margen de error: no se trata de qué vas a hacer si te va mal, sino qué vas a hacer porque te va ir mal. Incluso el ataque más aguerrido a la guitarra denota el endurecimiento de una personalidad que seguro fue pesadillesca en la convivencia, considerando el mal gusto de ridiculizar el amaneramiento de su hijo Rufus escribiendo "Rufus Is A Tit Man" (su hija, Martha, muchos años después le dedicarÃa una lindura titulada "Mother Fucker Son of a Bitch"), pero que en las canciones de Recovery actúa transfiriendo un tono bragado que pasa por irrefutable. Joe Henry, responsable de ilustres remodelaciones para Solomon Burke y Betty LaVette, ha hecho con Loudon WainIII en buena medida lo mismo que Rick Rubin con Johny Cash, nada más que en lugar de recurrir a canciones de otros, decidieron reinventar antiguas grabaciones de Loudon, que originalmente lo mostraban solo con su guitarra, incorporando pinceladas de otros instrumentistas de experiencia para devolvernos piezas clave de un autor enriquecidas con las virtudes del añejamiento. (eRRe). 1. Black Uncle Remus 2. Saw Your Name in the Paper 3. School Days 4. The Drinking Song 5. Motel Blues 6. Muse Blues 7. New Paint 8. Be Careful There´s a Baby in the House 9. Needless to Say 10. Movies Are a Mother to Me 11. Say That You Love Me 12. Old Friend 13. Man Who Couldn?t Crye
The Cure
4:13 Dream Geffen Records, 2008 El álbum anterior de The Cure fue el duodécimo en su discografÃa y el primero de tÃtulo homónimo. Escuchándolo, tenÃa sentido; realizado justo después que Robert Smith se arrepintiera de cerrar el capÃtulo de la Cura, parecÃa un repaso de las distintas etapas que consolidaron la personalidad del grupo; ahà estaban las guitarras atacadas de distorsión a la Pornography dominando algunos cortes, otros que aspiraban al ensueño de Disintegration, otros más que no desentonarÃan en Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me. 4:13 Dream continúa la tendencia revisionista (de hecho dos de las canciones son rescates del pasado, "Sleep When I´m Dead" fue contemplada para el disco de 1985, The Head on the Door, y "The Boy I Know" para The Cure, del 2004), pero con una aproximación más pop. Con Ross Robinson, el productor de Korn y Slipknot que manejó los controles en la última ocasión, se ha ido ese sonido corrosivo, por momentos aturdidor que dificultaba llegar al final del disco. Ahora, con Keith Uddin y el propio Smith en los créditos de producción, la atmósfera se ha aligerado permitiendo distinguir cada instrumento. El recorte de la alineación a un cuarteto básico de rocanrol con guitarras, bajo y baterÃa, ha tenido el efecto de concentrar las fuerzas de la banda en una ejecución más energética (como miles de mexicanos comprobaron durante sus presentaciones en el DF en octubre de 2006), aspecto en el que parece fundamental el regreso del hijo pródigo Porl Thompson, que esparce generosamente la filigrana de su guitarra caleidoscópica por la grabación. El disco es todo lo que un fan de The Cure podrÃa esperar y ahà radica su principal defecto, juegan demasiado a la segura dentro del libro de reglas que ellos mismos inventaron, lo que para una banda que labró su historia con base en discos innovadores, referenciales de una época, no es reproche menor. Por más buena voluntad que uno le ponga, cuesta trabajo sacudirse la impresión de que Underneath the Stars, Siren Song y Scream, aunque buenas canciones, suceden como sombras chinescas de lo que una vez fue genial. Hay que andarse con respeto, sin embargo, cuando se trata de una figura que reverencian con la misma devoción grupúsculos culturales en México tan supuestamente contrapuestos como darketos y emos. 4:13 Dream en realidad es la primera parte de un disco que en un principio iba a ser doble. Robert Smith adelanta que el resto de las canciones ya grabadas- verá la luz aproximadamente dentro de un año en un disco donde, ahora sÃ, predominarán los tonos oscuros. (eRRe). 1. Underneath the Stars 2. The Only One 3. The Reasons Why 4. Freakshow 5. Sirensong 6. The Real Snow White 7. The Hungry Ghost 8. Switch 9. The Perfect Boy 10. This. Here and Now. With You 11. Sleep When I´m Dead 12. The Scream 13. It´s Over
Southside Johnny with La Bamba´s Big Band.
Grapefruit Moon: The Songs of Tom Waits Redeye, 2008 Si Bruce Springsteen y Tony Soprano plantan la cara por Nueva Jersey en el mapa de la cultura de masas, Southside Johnny es el secreto local que no mencionan los folletos turÃsticos. Practicante de un rocanrol de vieja escuela, con fuerte resonancia soul y r&b, acompañado por su banda de toda la vida, los Asbury Jukes, John Lyon pasó años difÃciles construyéndose una reputación que no fuera minimizada por la amistad que le une con Springsteen, quien siempre le echó la mano, al igual que el resto de los miembros de la E Street Band. Eso deberÃa cambiar con este Grapefruit Moon: The Songs of Tom Waits, un álbum que vale por el trabajo de una vida. En complicidad con su compañero de muchos años en los Asbury Jukes, el trombonista Richie "La Bamba" Rosenberg, Southside Johnny cumple vistiendo a estas canciones con un tratamiento que reclamaban desde su génesis. A diferencia del Wherever I Lay My Head que Scarlett Johanson nos endilgó antes en el año igualmente echando mano del repertorio de Tom Waits, he aquà un disco que no solamente se deja escuchar, sino que de hecho contribuye a exaltar el legado de un alto artesano de la canción de nuestro tiempo. "Yesterday Is Here" establece el tono desgranándose en notas de piano suave, el suspiro matinal de los metales, la voz de Southside curada en tabaco, licor y noche, menos tosca pero no muy distinta de la del propio Waits, arrastrándose con la orquesta detrás, que una vez toma vuelo descubre la verdadera naturaleza de la producción. Hay guiños de swing, dixieland y otras músicas tradicionalmente asociadas con "las grandes bandas", aunque lo que se oye sobre todo es una máquina endemoniada del mejor jazz funcionando a toda marcha. Los arreglos de La Bamba, vivaces mas nunca exagerados, revelan en piezas como "Tango `til They Sore" una grandeza melódica disimulada en la original de 1985, parte del álbum Rain Dogs. Herr Waits en persona da la bendición al proyecto interviniendo a dueto en "Walk Away", que suena a la noche de farra de dos viejos camorristas. Casi una hora de tonificante registro crooner que también abreva algo de los cielos cultivados por el celebérrimo hijo de Nueva Jersey que le robó la metrópoli de Nueva York: Frank Sinatra. (eRRe). 1. Yesterday Is Here 2. Down, Down, Down 3. Walk Away 4. Please Call Me, Baby 5. Grapefruit Moon 6. All the Time in the World 7. Tango ´til They Sore 8. Johnsburg, Illinois 9. New Coat of Paint 10. Shiver Me Timbers 11. Dead and Lovely 12. Temptation
Buika
Niña de fuego CD-2008 Ni falsa moneda ni mentirosa: Concha Buika, el duende negro de Guinea Ecuatorial, demuestra que lleva el diablo en la voz y en el cuerpo. En Niña de fuego, esta diva parece invocar los espÃritus tutelares de Ella Fitzgerald y Nina Simona con incendiarias tesituras y sorprendentes decibeles de amoroso azote. Lo fascinante de Buika, amadrinada por Chabela Vargas, es que el cante jondo parece remontarse a sus raÃces africanas y viajar por el viento hasta el delta del Tenessee, coquetando abiertamente con el blues y el jazz, y toreando el bolero y el género ranchero, como si surfeara por todas las tradiciones y los ritmos sin dejar de ser negra como la sucia pasión. El disco Niña de fuego tiene una compleja orquestación. Es de agradecerse que la cantante se encuentre muy lejos de la mesura y la armonÃa; es puro sentimiento desgarrado, voz que sale de un corazón maltrecho que no sabe reÃrse de sà mismo pero que no puede derrumbarse y que grita para decirse, como en una canción, "tonta, puta y borracha", como nos sentimos todos luego de que las manos actúan antes de que la cabeza se ponga en acción. Niña de fuego es su tercer disco, que interpretó Ãntegramente hace unos dÃas en el Lunario del Auditorio Nacional, donde incendió al respetable. Seductoramente contradictoria, tÃmida y sincera, esta cantante muestra un auténtico duende lorquiano en cada una de sus presentaciones. Aquella noche, para sorpresa de quienes estuvimos ahÃ, la cantante prescindió del bajo, y sólo se acompañó de una baterÃa y un piano. La responsabilidad del bajo quedó compartida por su propia voz y el percusionista, efecto que podrá apreciarse en Niña de fuego. (Alberto Arriaga). 1. La falsa moneda 2. Culpa mÃa 3. Miénteme bien 4. La niña de fuego 5. Arboles de agua 6. La niebla 7. No habrá nadie en el mundo 8. Volver, volver 9. Volverás 10. Mentirosa 11. Hay en la luz
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