Albañilería fina Por Alberto Arriaga "Escritor realista" o "escritor sin imaginación" son atildados epítetos que se le han colgado a Vicente Leñero sin deberla ni temerla. Hay algo que pocos escritores supuestamente imaginativos han logrado: mostrar los distintos pliegues de la realidad, pues ésta ofrece un montón de historias mucho más interesantes que la almidonada literatura al uso y que el propio trajín cotidiano. Ello representa retos fascinantes que van más allá de contar la historia del primer amor, del primer desamor, de la primer borrachera, de la primera vez en todo. Leñero ha sabido escribir con esa sabia y distante primera persona sobre algo que pasó, pero que nadie supo cómo pasó, y que a fin de cuento no importa la verdad, sólo la que otorga la ficción. Gente así no es un anecdotario, sino, acaso, el mejor libro de cuentos de Leñero y tal vez el mejor libro de cuentos mexicanos en lo que va del año. Y para no equivocarse, el maestro recurre al difícil arte de la construcción de la naturalidad, escribiendo literatura a partir de la misma literatura. Así, unos jóvenes deciden escribir esa novela que nunca escribió Juan Rulfo pero que más de un coleccionista daría la vida por ella ("La cordillera"). O la da la vuelta de tuerca al episodio del joven Dostoievsky que todos conocemos, cuando fue encarcelado y puesto en el paredón de los fusilados ("La novela del joven Dostoievsky"). O bien contraviene deliberadamente las enseñanzas del irrepetible O´Henry, el tusitala mayor de los cuentistas norteamericanos, con la parodia de los lugares comunes de la literatura del propio Leñero ("A la manera de O´Henry"). O trae a cuento una noche en la colonia San Pedro de los Pinos, cuando sucedió un milagro ("Luna llena"). O recuerda a los ilustres mochos y combativos y rojos del periodismo mexicano, como Iván Illich y Tomás Gerardo Allaz ("La muerte de Iván Illich" y "El mínimo y pobre Tomás Gerardo Allaz"). O habla de cuando humilló a un campeón mundial de ajedrez en otro tablero, el del teatro, consiguiendo, a su vez, que lo humillaran a él mismo durante una partida de exhibición ("La apertura Topalov"). O le dedica un cuento a la menor de sus nietas sobre el nacimiento de Jesús ("Belén"). No hay momento, recuerdo o pliegue de la existencia de donde Leñero no saque un cuento. ¿El secreto?: no hay secretos, sólo palabras y sus efectos. Vicente Leñero, Gente así. Alfaguara, México, 2008, 315 pp.
Los tripulantes de Almadía El siglo XX es el tiempo de las grandes revoluciones en el mundo. Una época en que algunos imperios se levantaron para ver caer a otros. El auge de las democracias y los sueños de libertad y liberalismo, y también de los gorilatos en América. En los últimos años vemos una impronta en cine y literatura: el narrador utiliza una voz infantil, tal vez autobiográfica, para dar a conocer una coyuntura sociopolítica. En la televisión: la serie española Cuéntame cómo pasó, o en el cine Persépolis. Y en la literatura, ahora, aparece una de las plumas jóvenes más frescas que pueden leerse en el mundo occidental: Ondjaki, un joven escritor lusófono nacido en Luanda, Angola, en 1977. En Buenos días, camaradas narra sus vivencias infantiles en medio la pugna por el poder y la guerra civil de diferentes grupos en Angola, y entre los contrastes de su familia que vive en África y la que vive en Portugal. Observa el proceso de la declaración de independencia de la colonia portuguesa y la toma del poder por las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FLAPA), partido ideológicamente tendido a la izquierda y al comunismo. Durante sus anécdotas cotidianas se mezclan datos históricamente relevantes, como la llegada de la ayuda militar y cultural cubana al país africano, y la lucha contra el partido de oposición apoyado por la Sudáfrica del apartheid. El niño asiste a la escuela con los profesores de la isla, su comida es racionalizada y sólo puede adquirirla a través de una tarjeta. Con inocencia e ingenuidad no entiende por qué su tía que vive en Portugal. Tampoco vacila en comprar alimentos y otros objetos, e ignora por qué, cuando lo invitan a una estación de la radio del gobierno, tiene que leer un discurso ya establecido, o por qué llegan a su país los cubanos y en cambio no conoce a ningún angoleño que quiera ir a apoyar a los "camaradas" de la isla. Con una narrativa sencilla y fuerte por la calidad descriptiva sin calificación alguna, Ondjaki desgarra, impone y descubre situaciones irónicamente involuntarias y contrastantes, desde los ojos de un niño que sólo vive y busca explicaciones de lo que ve en su familia y en su país, de lo que ocurre con su "camaradas" de uno y otro bando. Ondjaki escribe con una pluma pujante y llena de vitalidad sobre una época de crisis, una época fantástica ya perdida en el tiempo. Pero no pierde la esperanza de encontrar en el futuro mejores episodios para narrar. (Marcos Daniel Aguilar) Ondjaki, Buenos días, camaradas (traducción de Ana Ma. García Iglesias). Almadía, colección Mar abierto, México, 2008, 143 pp. *** En medio de tanto ruido se agradece el regreso a los clásicos, en este caso, de los clásicos del periodismo mexicano. Allende en llamas se integra por las entrevistas y artículos que el fundador de Proceso realizó sobre el primer presidente socialista de Chile. A 35 años del golpe de estado de Pinochet y sus fuerzas armadas, el retrato que ofrece Scherer resulta una gran enseñanza para entrevistadores y reporteros. Ya sea en Santiago o en la ciudad de México, el reportero se topaba con un caudillo noble pero harto de que compararan su régimen político con la primavera de Praga; admirado por Kennedy y la Revolución Cubana, pero escéptico ante ambas figuras; amoroso con su entrañable amigo Siqueiros, preso en aquel momento, y ensalzando las virtudes de Echeverría; cauteloso ante las veladas advertencias del reportero sobre el ejército chileno, que comenzaba a adquirir una fuerza incontrolable por el estado. Salvador Allende aparece en estas páginas como un cándido y noble prócer, confiado en el poder de la gente, que a la mera hora no pudo contener las balas. Resulta interesante que a 40 años de la matanza de Tlatelolco, un emblema de la izquierda latinoamericana alabe al estadista Echeverría, señalado por propios y extraños como el responsable de la tragedia del 2 de octubre. El libro comienza con una entrevista a Pablo Neruda en 1961, cuando ya se respiraban los aires libertarios de todo el mundo, y continúa con una serie de entrevistas a Salvador Allende que inician en 1970, hasta las declaraciones del propio Augusto Pinochet. La lección de Scherer sigue vigente: no importan las convicciones ni los principios del reportero o del periodista, sino la personalidad del objeto de estudio. Y Scherer no se arredraba cuando su entrevistado se molestaba por sus preguntas, siempre bien formuladas, siempre directas al asunto: "No es fácil. La pasión abre, a veces, abismos que marean (...) Allende es así. Se comporta como si la eternidad estuviera de su lado." (AA). Julio Scherer García, Allende en llamas. Almadía, colección Los Gavieros. Periodismo literario. México, 2008. 175 pp. *** El argentino Adolfo Bioy Casares calificó a la ciencia ficción como el punto intermedio entre lo real y lo sobrenatural, entre el realismo mágico y lo inimaginable. La ciencia ficción es un género que parte de los ideales por explicar lo que aún no se ha podido descifrar y conocer, y a la vez es el motor que pude generar esa transformación y desarrollo para saber un poco más de nuestra existencia y de lo que nos depara el bifurcado destino, como diría Borges. En este género se incrusta la nueva novela de Bernardo Fernández Bef, con El ladrón de sueños. Una historia dinámica y divertida sobre una industria trasnacional malévola de videojuegos (metáfora del monstruo que puede llegar a ser una de estas empresas en la realidad) que obtiene las ideas para construir sus nuevos productos a través del plagio de las pesadillas de los niños de todo el mundo, al estilo de Monsters Inc. Para hacer esto, la Humacorp construye insectos metálicos que vigilan, y casi controlan, los sueños de todos los individuos del planeta al puro estilo del Big Brother de Orwell. En la historia interviene una niña punk, prodigio de los juegos de video, que tratará de combatir al inventor de esta máquina ladrona de esencias humanas. Con una narrativa ágil y extremadamente visual, pero con una trama muy manejada por varios escritores y cineastas, la editorial Almadía presenta esta novela ilustrada por Patricio Betteo. (MAG) Bernardo Fernández Bef, Ladrón de sueños. Almadía, colección Revolcadero, México, 2008, 216 pp.
¿Los demás son el infierno? A mediados de los noventa, el cardenal de Milán, Carlo María Martín y el escritor y filólogo Umberto Eco sostuvieron una nutrida correspondencia sobre el problema de la dimensión ética al final del siglo XX. El resultado fue un librito titulado En qué creen los que no creen, que en nuestro medio pasó sin pena ni gloria, cuando debería de ser, hasta la fecha, la punta de lanza de quienes se promueven como activistas de cualquier ralea, globalifóbicos, ecologistas, antipedófilos, ateos convencidos y demás paladines de la justicia. Por desgracia, a todos estos animales políticos les causa sarna la mera mención del nombre de un religioso en el cintillo de un libro. Por fortuna, la escuela del resentimiento tiene otra oportunidad, aunque uno de los protagonistas no goce de tanta popularidad. Entre razón y religión es una charla del filósofo Jürgen Habermas (Historia y crítica de la opinión pública, Teoría y praxis, La lógica de las ciencias sociales...) y el actual jefe de la Iglesia Católica, el papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, quien por entonces era el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ambos filósofos muestran sus coincidencias para lograr en la sociedad actual los fundamentos de un orden social libre y pacífico, para encontrar así una modernidad que no se descarrile en detrimento del llamado tercer mundo. Para ello, tanto un escéptico como un hombre de fe concuerdan en la existencia de una crisis de valores, y traen a colación el proyecto del teólogo Hans Küng sobre una "ética mundial", obviamente, basada en el respeto al otro. Es interesante que Habermas no olvide su pasión primigenia, la teología, y así mismo resulta esperanzador que en El Vaticano haya, una vez más, un intelectual a la cabeza de los católicos. Pero también hay que decirlo: la grilla eclesiástica desdeñó a Carlo María Martini para suceder a Juan Pablo II, sobre todo, por sus críticas a la ignorancia de los sacerdotes católicos. Y Ratzinger hizo lo suyo (AA). Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger, Entre razón y religión. Dialéctica de la secularización. FCE, colección Centzontle, México, 55 pp. *** El debate actual sobre la ética y la crisis de valores alcanza las antípodas del arte. Entre 1978 y 1992, el filósofo Cornelius Castoriadis escribió una serie de artículos que hoy se reúnen en Ventana al caos. Aquí, el autor de Figuras de lo pensable plantea las relaciones entre la creación cultural, la sociedad democrática y el enigma irresoluble de la obra de arte. ¿Es obligación del artista tener una conciencia social? Esa, apunta Casotriadis, no es la pregunta correcta, sino que el artista, quiéralo o no, reflejará su momento histórico particular. El desmoronamiento presente de la creación grava el pasado y el futuro en igual medida. En este libro encontramos también una entrevista que Philippe Nemo le realizó al filósofo, que en sus primeros años de práctica fue marxista, escuela a la que despreció como sistema político, estético e histórico: "Es muy difícil hablar de la propia vida; debería ser lo que mejor se comprende en el mundo, y tal vez sea lo que menos se comprende cuando uno la observa a través de los años. Además, no es muy interesante, lo es sólo en tanto delimita, traza las líneas de un recorrido de trabajo y de pensamiento..." (AA) Cornelius Castoriadis, Ventana al caos. FCE, colección Filosofía, México, 2008, 144 pp.
De amor que no se atreve a decir su nombre Mientras intenta conquistar al jardinero Licino contándole sus más atrevidas anécdotas eróticas, el personaje central de Cuchillo de doble filo, una de las novelas más recientes de Luis González de Alba, comprueba una y otra vez la imposibilidad del amor. Después de haber perdido a su pareja de años, Esteban, este personaje busca consuelo con quien encuentra en la calle. Obsesionado por el sexo, lo compara con la adicción: "porque el sexo, como las drogas, es un vicio de eterna crianza, medra y progresa a costa del trabajo, de la tranquilidad." Es la búsqueda constante de alguien que le ayude a saciar esta urgencia, lo que lleva a este hombre a encontrar a un jardinero común y corriente, al que describe como "gordito de cintura", y a creer que puede iniciar una relación amorosa con él. Porque no sólo desea sexualmente a Licino; su obsesión va más allá. Incluso llega a decirle: "No, Licino, creo amarte." Aunque sólo unas líneas antes le haya confesado que: "El amor, Licino... es siempre ilusorio, siempre? Es un velo que nos encubre que no hay sino dolor en el supuesto, siempre falso, de que tras el desierto llegamos al oasis esperado." Los escenarios en que transcurre la novela son los que cabría esperar para una aventura gay: un cine porno, un baño de vapor, la caseta de jardinería de un parque. Y González de Alba no escatima detalles descriptivos, aunque posee una riqueza de recursos narrativos que marca la diferencia entre este libro y un folletín porno gay. (Irma Gallo). Luis González de Alba, Cuchillo de doble filo. Ediciones Cal y Arena, México, 2008. 131 págs.
La zorra del norte Polígrafa casi por naturaleza, Margaret Atwood pertenece a una generación notable de la literatura canadiense, todavía joven: Michael Ondaatje, Claire Blais, por supuesto Leonard Cohen (autor de canciones y poemas y de algunas novelas como El juego favorito y Los hermosos vencidos), Alice Munro, Marian Engel, entre otros. Desde las primeras generaciones de su siglo XX, estuvo representada mayoritariamente por mujeres (Sheila Watson, nacida en 1909, es quizá la cabeza más representativa). Los títulos disponibles en librerías mexicanas de quien recientemente obtuviera el Príncipe de Asturias de las Letras son momentos muy distintos entre sí. De acuerdo a la dicotomía zorros/erizos de Isaiah Berlin, la escritora nacida en Ottawa en 1939 sería una zorra: es muy distinta entre libro y libro, y cada uno, más allá de los géneros, es una nueva oportunidad para experimentar. El asesino ciego (Premio Broker 2000) es como una caja china. Una trama que avanza a través de la memoria de la protagonista, Iris Chase, pero también gracias a las noticias de prensa y a una novela dentro de la novela. Todas las historias se complementan, incluso los recortes de prensa y la novela con toques de ciencia-ficción que se incluye en el libro. Es como un collage en el que cada tipo de representación es un desafío para las otras, pero del que al final se acaba obteniendo una imagen total para descubrir, por fin, la muerte de ciertos personajes. Desorden moral es una serie de relatos hilvanados por la recurrencia de personajes y, ocasionalmente, tramas y circunstancias, sin conformar por ello una novela. Aunque en ellos se da cuenta de distintos momentos de la vida de la narradora, o las narradoras, los relatos no configuran una cronología de acontecimientos sino de la memoria, pues giran en torno a algún hecho o personaje -sea una noticia en la radio, un disfraz u otro personaje- que han marcado sus biografías, en tanto susceptibles de ser recordados. Oryx y Crake es casi ciencia-ficción. O mejor dicho: Margaret Atwood utiliza los rudimentos de dicho género para contar una historia ambientada en un futuro no tan lejano, donde ya se han sufrido las consecuencias del cambio climático. Ahora la humanidad vive recluida en complejos, donde prima sobre todo la seguridad y de donde casi no es necesario salir para llevar una vida normal. Lo único importante es la tecnología y la ciencia, las artes cada vez están menos valoradas, el trato personal cada vez es menor y el mundo tiende a una excesiva especialización. Jimmy es el testigo del apocalipsis, y como un Robinsón posmoderno, va interpretando los rastros de lo que él intuye fue la civilización. Como en casi toda la narrativa de Margaret Atwood, el final es intuitivo y abierto, minimalista y perfecto. Durante una entrevista con Mónica Lavín, la autora declaró: "Con la poesía debes esperar. Deben crearse muchos espacios en el tiempo alrededor tuyo, y luego debes simplemente esperar. Con la novela hay un enorme componente de trabajo duro, de un tipo activo. Debes levantarte en la mañana y decirte: ahora me siento frente a mi hoja de papel o mi computadora, y debo escribir tres páginas, buenas o malas, debo hacerlo. Y por eso tienes mucho más trabajo orientado, un esquema mental cuando escribes una novela, hay mucho más riqueza de poder en juego." (AA). Margaret Atwood, El asesino ciego. Ediciones B, colección Bolsillo Zeta. Barcelona, 2007. 633 pp. Desorden moral. Bruguera, Barcelona, 2007. 276 pp. Oryx y Crake. Byblos, Barcelona, 2005. 454 pp.
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