• El edificio que le diera vida, en la calle de Mesones, se encuentra abandonado. Tal vez se convierta en centro comercial
Redacción
DISTRITO FEDERAL, México, 08/01 (N22).- El Teatro de Ulises -un espacio que significó una verdadera revolución para el quehacer teatral mexicano, dignificando la experimentación y la libertad creativa por encima de los paradigmas- tuvo en Los Contemporáneos un símbolo, y en Antonieta Rivas Mercado, una mecenas. Este año, Teatro Ulises cumpliría 80 de labores, y de ello conversó con Laura Barrera (LB), conductora de Ventana 22, el dramaturgo y crítico Gonzalo Valdés Medellín (GV).
GV: Todos estos personajes eran jóvenes entre 25 y 30 años, y ya habían hecho la revista Ulises. Ellos se propusieron hacer un teatro de vanguardia en México. Hoy debemos estar de plácemes porque hace 80 años se estaba estrenando el Teatro de Ulises con obras realmente insólitas e inéditas en el panorama mexicano.
LB: Era un espacio tan pequeño que nunca se pensó que estas obras fueran a tener éxito comercial; incluso se solicitó apoyo de la Secretaría de Educación Pública para poder llevar a cabo las representaciones. No se obtuvo del todo, pero en ese espacio de Mesones 42, en el Centro Histórico, surgió esta iniciativa.
GV: Como grandes visionarios que eran, los Contemporáneos sabían lo que estaban haciendo, sabían que estaban haciendo historia. Me imagino a esos jóvenes, Villaurrutia, Novo, Antonieta Rivas Mercado, diciéndose a sí mismos: vamos a revolucionar el teatro. Estamos hartos de ese teatro nacionalista, de ese castellanismo del teatro español; vamos a ser una nueva etapa de nuestro teatro.
El valor, la gran aportación de estos nombres fue que gracias a ellos hemos tenido, a lo largo de más de un siglo, grandes oleadas de experimentaciones. La experimentación escénica es un rompimiento. pero también es una realigacion cono lo nuestro. No podemos entender el devenir del teatro mexicano en el siglo XX y lo que va del siglo XXl sin la aportación del grupo Teatro de Ulises, que fue fundamental.
LB: Una nueva forma de aproximarse a lo mexicano, pero ya con una visión muy universal.
GV: Creo que ahí se dieron las semillas para lo que sería la dramaturgia mexicana de estos autores, Villaurrutia y Novo, que son los que más se aproximan a la dramaturgia; de Celestino Gorostiza y de Julio Jiménez Rueda, que era quien dirigía.
Él dirigió la primera puesta en escena, que fue Simili, y de ahí surgió toda una oleada, con una gran apertura hacia lo europeo; por eso fueron tan atacados por los llamados europensantes.
LB: Vicente Quirarte hace un homenaje a toda esa época, al grupo de los Contemporáneos, en Hay mucho de Penélope en Ulises. Lo que resulta interesante es que al lado de otras personas que han hecho activismos, que han defendido este proyecto, como es el caso de Miguel Capistrán, se propone que haya como fórmulas tripartitas: si la UNAM participa, también Conaculta y el Gobierno del Distrito Federal; participar en procesos que permitieran recuperar el edificio del Teatro Ulises que está destinado a centros comerciales y fondas. Lo que se llama Autoridad del Centro Histórico, que está encargado de la reconstrucción, ha dicho que sí le interesa.
GVM: Hay una fuerte reticencia de parte de los dueños del inmueble a que se toque el tema. Entonces se tendría que decirle al gobierno de la Ciudad de México, ahora que está en el rescate del patrimonio cultural del Centro Histórico, que haga algo, que no se olvide de la casa de Mesones 42, el santuario por naturaleza de lo más noble y lo más relevante del teatro mexicano.
LB: ¿Qué tanto se valora el trabajo que se realizó en este recinto? Tú mencionas en tu artículo a Marisa Sistach...
GVM: Creo que eso ya es un documento invaluable entorno a lo que fue Ulises; me imagino que la propia Marisa no sabía del alcance que podría tener este filme para la valoración del teatro de Ulises en México y ahí esta, es un testimonio de primera mano, es un testimonio muy emotivo.
LB: Platícame de algunas de las obras que se llegaron a representar.
GVM: Simili, con traducción de Gilberto Owen. Eran hombres integrales que hacían de todo, eran actores, directores, poetas, escenográfos en su momento. La gran aportación de ellos fue abrirse hacia sus propios talentos y con las ganas de revitalizar el teatro, aunque al principio, me decía Clementina Otero, lo hicieron como a puerta cerrada, nada más los cuates vamos a hacerlo, a ver qué pasa. Otro de los grandes aportes que se logra a través de estas obras de teatro es que por primera vez dejan de lado el apuntador; a partir del teatro de Ulises ellos empiezan a explorar la vivencia stanislavskiana y tienen que memorizar y aprenderse los textos y vivirlos en carne propia.
Un aporte más fue el de traer autores tan controversiales como Jean Cocteau, no en Ulises, pero sí es Villaurrutia quien traduce la voz humana del célebre monólogo, lo traduce especialmente para Clementina Otero.
Ojalá que el señor Ebrard tome cartas en el asunto y su esposa, que es actriz, sepa valorar lo importante que es rescatar este recinto.
08/AA