A lo largo de las últimas décadas mucho se ha hablado sobre los grandes adelantos científicos a los cuales se está enfrentando la humanidad. Por un lado fascinan y por otro inquietan. Ejemplo de ello, son los constantes estudios –en laboratorio y a campo abierto– de los organismos genéticamente modificados (OGM), mejor conocidos como transgénicos.
Vladimir Cachón Guillén, director del Departamento de Ingeniería en Biotecnología del Tecnológico de Monterrey, comentó que los riesgos, “si es que los hay”, deben de dividirse en tres: 1) efectos a la salud, 2) efectos ambientales y 3) efectos económico-sociales. El biotecnólogo resaltó que cada una de estas implicaciones proporcionarán la información necesaria para tomar decisiones a futuro en torno a los OGM.
La disyuntiva en tela de juicio
En 1982 salió a la luz la primera aplicación científica de la ingeniería genética al utilizar a ésta en la producción de insulina humana para el tratamiento de diabetes utilizando ADN recombinante.
Sin embargo, al hablar de los efectos a la salud y de la modificación a un organismo se tiene presente la “idea del experimento del Dr. Frankenstein”, así lo explica Vladimir Cachón, quien expresa que, a pesar de esta percepción, sin las “bacterias genéticamente modificadas miles de diabéticos habrían muerto, porque la insulina del mercado no hubiera sido suficiente”.
Por otro lado, se alerta ante el insumo de estos productos cotidianamente, en donde "no existe hasta la fecha” algún estudio que compruebe que los alimentos transgénicos son dañinos para la salud. Y –sigue Cachón–, tampoco hay algún indicio de que “lo hayan sido en algún momento”.
La grave objeción: los monopolios
Cuando las investigaciones de transgénicos salieron a la luz, a la par se distinguió a las nuevas empresas transnacionales que llegaban con ellos, bajo la premisa de que los cultivos masivos con OGM serían una contribución muy grande para solucionar el problema del hambre en el mundo.
Aleria Lara, coordinadora de la campaña de agricultura sustentable y transgénicos de Greenpeace, explicó en entrevista que el temor que se tiene va encaminado sobre las patentes que desarrollen estas transnacionales, pues “las semillas transgénicas no pertenecen al agricultor que las siembra, sino a la empresa que las comercializa”.
Este sistema de patentes se creó para proteger los inventos y así estimular la investigación. Sin embargo, con esta oportunidad de comercio, las transnacionales buscan complementar su estrategia: los agricultores estarían “obligados” a comprar semillas patentadas y de esta forma pagar a la empresa por el uso de la semilla transgénica en cada ciclo agrícola, generando mayor dependencia de la transnacional.
Por otra parte, Vladimir Cachón, dijo que el problema más grave se ubica en que cada uno de los factores está avanzando de manera separada. “La investigación que se realiza, va por encima de las políticas socio-económicas que postula el país”, de tal suerte que no se podrá avanzar hasta que se nivelen los factores.
Este peligro se refleja cuando la semilla nativa se ve en riesgo de contaminación por la expansión de los cultivos transgénicos. El investigador del Tecnológico de Monterrey, Vladimir Cachón, mencionó que por más lejos que estén los sembradíos de la semilla, “siempre existe un riesgo de variables incontrolables”.
Una de las posturas fuertes de Greenpeace descansa en la oposición a la liberación de cultivos transgénicos al medio ambiente “dado que hay una gran incertidumbre respecto a este tipo de organismos, por la interacción que puedan tener con especies o parientes silvestres del mismo cultivo u otras plantas”.
La diversidad de México es vasta y aquí tuvo origen el maíz, es por ello que muchas de las investigaciones sobre los problemas ambientales por cultivo de productos transgénicos buscan limitar a las transnacionales, pues la contaminación genética sería irreversible.
Los países más "transgenizados" Durante la década de los años cuarenta del siglo pasado se contempló la idea de implementar las nuevas alternativas para la agricultura en el campo mexicano: la ayuda a la investigación del nuevo modelo de los OGM o el apoyo a los estudios de los sistemas tradicionales en la producción de semillas. La decisión se reflejó en los años ochenta cuando científicos descubrieron cómo transferir fragmentos de información genética de un organismo a otro, lo cual permitía la expresión de caracteres deseables en el organismo del receptor y, a través de este método, podían añadir información para crear una nueva proteína en donde se generaran nuevos organismos que permitieran la resistencia a pestes o a enfermedades. A este proceso se le llamó ingeniería genética. La finalidad de los OGM recae, como su nombre lo dice, en modificar las características de los genes de una planta u animal, para lograr que expresen una nueva característica o mejoren alguna con la que ya cuentan. El aumento considerable de estos índices logró que la mirada de la investigación científica ahonde en las implicaciones que este proceso representa. Además, que diferentes organizaciones, en pro de la ecología, ataquen a los monopolios de transgénicos a nivel mundial. |
¿El retorno a la tradición?
El impulsar a los transgénicos y haber dejado de lado la segunda opción provocó que, con el paso del tiempo, se reconsidere la idea de subsidiar investigaciones que recaigan en las ventajas que los sistemas tradicionales conllevan, puesto que dentro de éstas se prevé la no degradación de la biodiversidad.
Actualmente en el Langebio del Cinvestav, unidad Irapuato, se está concluyendo la primera etapa de investigación del genoma del frijol. Alfredo Herrera Estrella, titular del proceso científico, en entrevista vía telefónica, dijo que el trabajo tiene como finalidad “ayudar a la gente a generar nuevas variedades de frijol y sobre todo que ayude ante los problemas climáticos en la agricultura”. En palabras de Alfredo Herrera, lo que están haciendo en Langebio en cuanto a verificar el genoma y estudiar la secuenciación, es útil para hacer el tratamiento tradicional, “como se ha hecho toda la vida […] simplemente que sería auxiliado por la información del genoma a través de lo que nosotros llamamos mejoramiento asistido por marcadores moleculares”. |
Una de las principales causas por las cuales se llevó a cabo la investigación es porque el frijol es el principal producto de exportación y México se encuentra entre los primeros cinco productores del grano en el mundo, por lo tanto es importante el incremento en su cultivo.
La investigación del genoma y secuenciación del frijol se diferencia de los transgénicos, puesto que, mientras los OGM implantan genes de otra variedad sobre un organismo diferente, en este proceso se busca “encontrar elementos naturales e información hereditaria dentro del mismo acervo genético del frijol” para producir variedades de la misma especie.
Vladimir Cachón se cuestiona esta diferencia y además el temor que hay entre un OGM y un híbrido y concluye que “la técnica que se empleó” es lo que los distingue, porque en general “ambos están genéticamente modificados”.
Es posible concluir que, mientras se alzan las voces críticas que objetan la utilización de transgénicos por las razones antedichas, la ciencia no puede basarse en razones ajenas al método científico y su deber es continuar con sus investigaciones, pues como asentó Vladimir Cachón, “la investigación que se realiza, va por encima de las políticas socio-económicas que postula el país”.
Cronología de la genética y la biología molecular
